Restaurante Isabela (Granada)

Ciudad: Granada Comensales: 8
Restaurante: Isabela Menú: Acordado
Chef: Juan Andrés Morilla Bebida: vino blanco Canto Real Rueda, vino tinto Ares Rioja y agua
Web: no tiene Precio con IVA: 280,00€

La cena en el restaurante Isabela fue el primer acto social de El Club de los 10 Negritos (permitidme llamarlo provisionalmente así), aunque sólo pudimos asistir 8 de los 10 miembros. El chef Juan Andrés Morilla acaba de inaugurar el restaurante, que se sitúa en un increíble palacete del siglo XIX en la carretera que sube a la Alhambra, también llamada la carretera de la Sierra. Juan Andrés también regenta en la ciudad el restaurante El Claustro en el hotel AC Palacio de Santa Paula. El currículo del cocinero pasa por haber trabajado con chefs de la talla de Ferràn Adrià o de Salvador Gallego y por haber representado a España en el prestigioso Bocuse d’Or.

El presidente en funciones del club de los 10 negritos, el ínclito Ricchionne Malvorato, había cerrado un menú de 35€ por comensal, bebida e IVA incluido. Por cierto, que si Ricchionne se acaba de decidir, acabará relatándonos sus aventuras gastronómicas en el presente blog.

El menú resulta largo y variado, y cimentado en la más tradicional cocina granadina, salpimentada por un minúsculo toque exótico que comienza por el tartar de salmón y alga, y al que le continúa una estratosférica crema de setas con crujiente de jamón. Como platos principales nos sirven un lomo de merluza en cama de callos de bacalao, seguido de un cochifrito con harina de setas y mermelada de membrillo. La ejecución de los platos es impecable, sin grandes adornos que compliquen el emplatado, y dando el protagonismo al ingrediente central, el cual se conforma como el elemento principal del plato. Tampoco se presentan sofisticadas destrezas de la cocina molecular, pero ni falta que hace por este precio y con este producto. Finaliza el menú con un brownie con helado de chocolate y sopa tibia de chocolate blanco y frutos secos. Es difícil poner un pero en una cocina franca y sin tapujos, en las que el chef no esconde sus intenciones bajo fuegos de artificio, cosa que se agradece.

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Foto: Lomo de merluza en cama de callos de bacalao.

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Foto: Cochifrito con harina de setas y mermelada de membrillo.

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Foto: Brownie con helado de chocolate y sopa tibia de chocolate blanco y frutos secos.

A destacar el palacete donde se localiza el restaurante. Tres pisos de cuidada y moderna decoración, con amplios salones para grandes eventos, una suite y un comedor privado, donde cenamos. Y, ojo, parking. El comensal accede directamente al bar, donde puede tomar el aperitivo previo al almuerzo o a la cena en un ambiente más desenfadado. El personal acompaña la cena con discreción y cortesía, mientras el jefe de sala nos atiende servicialmente, intentando que estemos cómodos durante toda la velada. El único problema es que necesita tirar de chuleta para recordar la explicación de cada plato. Otra cosa que se echa en falta es una web del restaurante en la que el comensal pueda salivar imaginando el sabor de las creaciones culinarias o, incluso, pueda recordar con nostalgia y precisión los manjares recientemente degustados. Un restaurante con grandes intenciones debe tener el soporte digital que marca el siglo en que vivimos.

En conclusión, el restaurante del Carmen de Isabela resulta ser un sitio de lo más recomendable en una ciudad excesivamente centrada en la tapa rápida dirigida a estudiantes hambrientos. Habrá que volver otro día para estudiar la carta.

Jan Malastrana

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