Hotel Chispa (Canet de Berenguer, Valencia)

 

Ciudad: Canet de Berenguer Comensales: 4
Restaurante: Hotel Chispa Menú: A la carta
Chef: desconocido Bebida: siete cervezas, una botella de vino Serra da Estrela Albariño 2013 y una botella de agua
Web: http://www.hotelchispa.com Precio con IVA: 158,54€

 

Cuentan los lugareños que este hotel ubicado en la playa de Canet de Berenguer estaba casi antes que la misma playa. En su interior alguna foto recuerda la soledad del hotel en medio de la arena, ahora ya paseo marítimo, rememorando viejos tiempos en los que en vez de colmenas de hormigón de madrileños venidos a menos había cañaverales, campos de naranjos y carreteras de tierra que bordeaban la costa.

Pero el hotel sigue ahí. El Chispa es un lugar que ha sobrevivido durante décadas ofertando una cocina mediterránea absolutamente clásica. No parece haber cambiado mucho en los últimos cuarenta o cincuenta años, manteniendo ese espíritu sesentero de aquellas épocas en las que los españoles soñábamos con suecas en paños menores paseando por las playas de Benidorm o de Torrevieja, tan lejanas en la geografía como en el tiempo. Pero las vistas desde este pequeñito hotel, por suerte, no han cambiado. A pocos pasos se abre un Mediterráneo inmensamente azul iluminado por el sol del invierno, con una playa enorme salpicada de palmeras y de dunas amarillas.

 

Entrar en el Chispa es entrar en la familia. En esa familia honrada y comprometida con el producto, con la cocina más valenciana, con los arroces, con los platos de toda la vida como el esgarraet o los pescados de bajura, o de la barca como los llaman por estos lares. Pero algo ha cambiado en los últimos años. Desde Facebook pregonan sus platos y promocionan una restauración en la que pretenden innovar sobre la cocina más establecida. Todavía les queda un largo recorrido para subir al siguiente nivel, pero parecen tener las herramientas y las ganas de conseguirlo.

 

La terraza invita a volver en épocas más calurosas, aunque el salón es lo suficientemente acogedor como para no echarla excesivamente en falta. La camarera que nos atiende tiene un trato agradable, e intenta acompañar en las propuestas al comensal de forma especialmente proactiva. Nos dejamos llevar. Compartimos unos calamares a la romana sin mucho misterio, es decir, mondos y lirondos. Seguimos con una ensalada de frutos rojos a la que hay que darle una vuelta, ya que resulta de lo más primitiva en los tiempos que corren. Terminamos los entrantes con un meritorio salteado de algas marinas, puerros, gambas y salmón, sin duda el mejor plato, y que debe ser el ejemplo de propuesta que debe intentar hacer el Chispa para convertirse en algo más. Como plato principal elegimos un arroz, puesto que estamos en algún punto perdido entre Valencia y Castellón y la localización debería mandar. Aparte de los arroces más clásicos, tales como la paella valenciana o el arroz al horno, la carta ofrece una serie de paellas un tanto más aristocráticas en las que la camarera hace especial hincapié. Nos recomienda un arroz meloso de lubina y cocochas de merluza. Como a lo largo de toda la comida, aceptamos su recomendación. Desde luego el plato resulta interesante, y el fumet hace gala de las latitudes en donde nos encontramos. Finalizamos el almuerzo con dos postres, una tarta de queso y un tatin de manzana y helado de vainilla donde de forma evidente sobra la nata montada. Por dios, la nata montada no puede ser el ingrediente que corone el noventa por ciento de los postres de los restaurantes españoles medios. Señores cocineros, nos haríais un gran favor desterrando para siempre este acompañante, y desde ya abogo por la plataforma de afectados por la nata montada. En fin, recordad que estos son los devaneos de un bon vivant, y como tal los debéis entender. Tomamos dos cortados que los sirven en el momento oportuno, esto es, no durante el postre, sino después. También podríamos hacer una liga contra los que ponen el café y el postre a la vez. Otro día lo desarrollo si os parece. Y para culminar nos ofrecen una copa de cava que nos ayuda a digerir el almuerzo. El cava permite sustituir elegantemente al chupito matarratas de toda la vida de dios.

 

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Foto: Salteado de algas marinas, puerros, gambas y salmón.

 

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Foto: Arroz meloso de lubina y cocochas de merluza.

 

Acabamos la comida y en pocos pasos accedemos a esa interminable playa dorada que va cambiando de color con el sol frío de media tarde. Nos vamos de un sitio al que tal vez debamos volver.

 

Jan Malastrana

 

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