La Pérgola del Puerto de Sagunto: una reyerta de 40 céntimos

Es lo que pasa cuando combinas chiringito veraniego, camareros pseudoprofesionales, cocina pequeña, y centenares de mesas mal atendidas. Los comensales sedientos son una especie de walking dead intentando saltar a la yugular de los camareros desubicados para curar la sed estival con una cerveza que llevarse al gaznate. Todo ello combina más con las ganas de ganar dinero y de aprovechar el verano, que de atender correctamente al que pretende cenar. Más vale hacer caja en mano que comensal volando, deben pensar, aunque se vayan a gastar 10 euros por barba. No es para más. Se me ocurren algunas diferencias con el Celler.

Aprovecho además para reclamar que las críticas de este blog se adecúen al título que pregona, y no a esa continua vaselina azucarada que utilizan los azotadores habituales para los restaurantes que ‘critican’, disimulando con palabras amables los fallos garrafales de tanto aficionado a cocinero o camarero con la única pretensión de sacar más por menos.

Pero vayamos a la reyerta.

Cena informal para tres adultos y una niña.

Para la niña la carta plastificada ofrece ‘Platos para peques’ a 4,50€.

A saber, patatas con huevos, patatas con alitas barbacoa, patatas con longanizas, patatas con Nuggets, patatas con pinchitos de pollo, patatas con… y así hasta una no demasiada extensa selección de patatas-con.

Pienso en ‘patatas con croquetas’, plato diseñado desde los albores de los tiempos para los más pequeños. Apostaría a que los sumerios ya los ofrecían a sus vástagos. Pero ¡Oh, mi sorpresa! Detecto que no se encuentra en el listado de los platos patatas-con.

Le pregunto al camarero si puede ser un ‘plato para peques’ de ‘patatas con croquetas’. Joder con la etimología. Me dice presto y dispuesto que no. Me ofrece una ración de croquetas (4,90€) y una ración de patatas. El ingeniero…

Le digo que por favor haga el esfuerzo. A regañadientes, y no sin dificultades, acepta.

¡Triunfo!

Mi hija podrá degustar unas estupendas croquetas congeladas de jamón (cuatro para ser más exactos), por el módico precio de 4,50€ ¡Y con patatas fritas de bolsa!

Cenamos satisfechos. Me siento contento por la victoria conseguida, pensando que prácticamente se puede conseguir todo en la vida con fuerza y honor.

Pero llega el momento de la cuenta.

Correcto.

El precio de las croquetas es de 4,90€.

Noto como la ola de furor viene desde abajo.

Me reprimo.

Le pido al camarero, que coincide que es el jefe, que se acerque para resolver tamaño entuerto.

Amablemente le digo que se ha confundido. Que el plato de niños era 4,50€.

Me dice que no, que no puede ser, que las croquetas valen 4,90€.

Me veo discutiendo acaloradamente por 40 céntimos.

Dice que es más fácil para la cocina pedir una ración de croquetas que un plato de patatas-con, esta vez con croquetas.

Me viene a la cabeza eso de que el cliente siempre tiene razón. Y se lo digo.

El cliente siempre tiene razón, y sobre todo si estamos hablando de 40 céntimos – espeto indignado.

Pero no puedo ser.

Me echa un órdago.

Pierdo.

Le pago los 40 céntimos.

Me marcho más indignado que los del 15M en Sol.

Me voy.

No creo que vuelva más.

Tal vez sean los 40 céntimos más caros del verano.

Ya sabéis dónde no debéis pedir patatas con croquetas.

 

El Capitán Espinaca

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